¡Papá… tú eres muy fuerte!

Por: Jorge Reyes Hernández

En algunos hogares aún perdura la tradición de que la silla en la cabecera de la mesa es un lugar reservado exclusivamente para el jefe de familia. Esta costumbre tiene sus raíces en la Edad Media; nació en los banquetes ceremoniales y con la consolidación de la realeza y el señorío feudal, donde la máxima autoridad ocupaba el lugar principal para presidir, ser visto y marcar una jerarquía.

Sin embargo, para mi padre, aquella silla en la cabecera era mucho más que un lugar de autoridad: era el confesionario para una mente saturada, una mazmorra para su cuerpo destrozado por la larga jornada laboral, donde su mente lo hacia culpable de todas las cosas que no pudo solucionar a tiempo, aun y cuando esas acciones no estuvieran a su alcance para resolver.

Hoy, que también soy padre, entiendo por qué él se mantenía en silencio frente a su plato con comida caliente mientras esta se enfriaba a la hora de comerla, incluso aun y cuando mi madre se esforzaba y se aseguraba de que estuviera lista y a la temperatura perfecta para servirla.

Aquellos silencios eran en realidad luchas internas; fantasmas del pasado que él aun observaba con el rabo del ojo. Muchos podrían llamarlo trauma, pero yo lo llamo sobrecarga mental: horas de ansiedad, noches de desvelo y segundos antes de lograr dormir, que pesan como batallas sin tregua en las sombras. Era la angustia de un hombre, quecomo un condenado esperando un milagro, soportaba el peso del mundo en silencio antes de su final. Y lo hacía solo para que los más jóvenes de la familia no sintieran, ni por un segundo, el dolor que él cargaba a diario, todo con el propósito de que ellos no sufrieran.

 

El único hombre que va a querer que seas mejor que él, es tu papá.

 

Feliz día del Padre a todos mis amigos…

 

Saludos… nos leemos pronto.!

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