«Un pupitre vacío, una morgue llena»

Por: Jorge Reyes Hernández

Como padres, abuelos o tutores de un adolescente, se tiene la responsabilidad no solamente de proveer lo básico para su manutención y su desarrollo académico. Se tiene la gran responsabilidad de escuchar, ayudar a solucionar sus dificultades y, sobre todo, aconsejarlos en todo momento.

 

En los últimos años, hemos visto episodios de violencia a nivel de educación básica y media superior, donde lamentablemente han perecido niños y niñas de secundaria, jovencitos de preparatoria y lo más doloso es ver a un maestro o maestra tirados en el suelo, ya sin vida. Desvividos por alguien que no fue escuchado a tiempo, por alguien que solo llegó un día a su casa después de clases, se encerró en su cuarto y, harto de todo lo que lo rodea, decidió planificar terminar con la vida de alguien más sin importar su desenlace.

 

Las armas de fuego de todos los calibres se venden como quien compra una caja de aspirinas, y la mayoría de estas fueron usadas con anterioridad en otros hechos delictivos y, aun a bajo costo, llegan a manos de los jóvenes. ¿Cuál es el resultado? Un alumno o alumna muertos, tirados en el suelo en un charco de sangre; jóvenes que tenían sueños de seguir estudiando, de encontrar una vacuna contra alguna enfermedad, ser un físico en la NASA o, simplemente, alguien con la ilusión de seguir los pasos del profesor «buena onda» que impartía alguna materia de su agrado, el cual ya yace tirado en el suelo cubriendo con su cuerpo a un alumno que tampoco sobrevivió. Un profesor o directora que le prometió al salir de casa a sus hijos que, regresando de clases, irían a comer a su lugar favorito.

 

¿Cuántos hogares quedarán sin un miembro de la familia? Y todo esto a causa de no tener tiempo para escuchar a los jóvenes, de no saber quiénes en su círculo de amistades son amigos de verdad o son «amigos conocidos» de alguien más, de quienes no se sabe si andan en malos pasos. Se buscan culpables ante estos hechos y los culpables están frente al espejo, ante nuestros ojos.

 

Las nuevas generaciones piensan que todo lo saben o que todo lo han vivido; a todo episodio que no encaje en su manera de pensar o actuar lo llaman «funar», término que se refiere a una acción que empata con alguien que no está de acuerdo con ellos. ¡Cuánto odio y resentimiento hay en la mente de los jóvenes, que los orillan a tomar estas acciones y decidir terminar con la vida de alguien más!

 

Según el último dato, 7,047 muertes de adolescentes de entre 12 y 17 años (2,394 mujeres y 4,653 hombres) fueron registradas en México durante 2023, de acuerdo con las Estadísticas de Defunciones Registradas del INEGI.

 

Lamentablemente, dos maestras han muerto en México a manos de un estudiante de 15 años, el 24 de marzo de 2026 en la preparatoria privada Antón Makárenko de Lázaro Cárdenas, Michoacán.

 

Después del episodio de la pandemia mundial por COVID-19, desde el 11 de marzo de 2020, se hace mención de que los niños y jóvenes han presentado:

 

• Trastornos de ansiedad, incluyendo trastorno de pánico, trastorno obsesivo-compulsivo y fobias.

 

• Depresión, trastorno bipolar y otros trastornos del estado de ánimo.

 

• Trastornos de la alimentación.

 

• Trastornos de la personalidad.

 

• Trastorno de estrés postraumático (TEPT).

 

Hablemos con nuestros jóvenes, escuchemos todas sus preguntas, resolvamos todas sus dudas y, si no se tienen las respuestas adecuadas, busquemos apoyo especializado con psicólogos, quienes apoyan con terapias adecuadas a cada caso. No les dejemos todo el trabajo a los maestros de las escuelas; recordemos que la mejor educación y prevención comienza en casa no sobre la plancha de la morgue.

 

Saludos, ¡nos leemos pronto!

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